¿Necesitas permiso para hacer algo?

No tendríamos que necesitar permiso pero muchas veces parece que lo necesitamos para iniciar cualquier cosa: permiso de tu pareja, de tu padre, o de tu madre, permiso de tu jefe, de tus amigos, permiso de tus hijos, de tus empleados…Pero, ¿para qué? Si es que solo necesitas un permiso y es el tuyo propio.

ARRIESGANDO VIDA
¿Estás dispuesto a continuar arriesgando sueños, pasiones, ilusiones, imposibles solo porque alguien diga que es difícil, o que eso no tiene buena pinta o que esa idea está probada por otros mil pero no ha funcionado, o que eres demasiado mayor para intentarlo, o que tienes demasiadas responsabilidades para darle un cambio así a tu vida, o que esa aventura no está a tu alcance o que no podrás pagarlo? De todos modos, si te llena y te hace feliz buscar ese permiso que muchas veces no obtienes, pues nada, es respetable, lícito. Pero no sé, yo creo que si realmente necesitas permiso de alguien que te diga que no es una locura, estoy yo… ¡te lo doy! Me convierto en “Donadora de permisos”.

¿Qué más? Ahora ya puedes empezar, tienes el permiso que necesitabas.

¿SEGURO QUE LO NECESITAS?
No busques el permiso, lánzate, arriésgate, prueba, falla, intenta, vuelve a fallar, intenta de nuevo como diría Isra García, un profesional al que valoro, “falla cada vez de forma más inteligente, más rápida y aprende más en cada fallo”. Él sabe mucho de todo esto, un día leía que cada uno de sus éxitos, lleva detrás 15 fracasos. ¿Y tú? ¿No vas a intentarlo? ¿No te das cuenta de que no intentarlo ya es un fallo? Puede que sea el fallo más grande porque en el futuro nos arrepentiremos de no haberlo intentado… ¡y eso duele demasiado!

HISTORIAS REALES
Hace unos años, me llamó una de mis mejores amigas, una de esas con la que más discutes, aprendes, con la que he compartido mis mejores viajes, partidos de baloncesto, noches de fiesta y momentos muy especiales: Arancha. Ella había estudiado Ingeniería técnica textil y en ese momento estaba haciendo sus prácticas en una empresa. Arancha tenía un gusanillo metido en el cuerpo y era irse fuera a aprender inglés, vivir la experiencia de estar en otro país.

Al final de sus prácticas, cuando ya tenía decidido iniciar su viaje, le ofrecieron quedarse contratada en la empresa. Era un momento en el que la industria textil comenzaba a estar muy dañada y era difícil encontrar un puesto como el que le ofrecían. Entonces me llamó y me dijo: “Reme, es que mi ilusión era irme a Inglaterra, a aprender inglés, lo tenía todo mirado pero es que me acaban de ofrecer un puesto fijo donde he hecho las prácticas y no sé qué hacer. Te llamaba para que tú me dijeses qué opinas”. Todo el mundo a su alrededor miraba por su “Seguridad”, su familia, amigos, su pareja: “¿Cómo vas a irte a Inglaterra solo a aprender inglés y decir que no a un puesto de trabajo fijo que te daría una enorme seguridad?”.

Mi respuesta fue distinta. Yo solo le pregunté: “Arancha, ¿me has llamado para que te diga que te vayas a Inglaterra, verdad? Creo que no hace falta que te responda, ya tienes claro qué es lo que opino. Sabías que te diría que tires hacia adelante, que te arriesgues, que para trabajar nos quedará toda la vida”. Y esa era la respuesta que ella quería, realmente no necesitaba permiso, lo único que pasaba es que necesitaba el suyo propio y no se lo estaba dando.

LAS VENTAJAS DE ATREVERSE
Afortunadamente Arancha dijo “¡no!” a aquel trabajo, pillo sus maletas y se fue a vivir una de las mejores experiencias de su vida, 6 meses en Inglaterra. Y a su vuelta, con un buen nivel de inglés, entró en una empresa muy potente en investigación textil y a partir de ahí empezó a llevar proyectos internacionales, equipos multidisciplinares y vivir una grandísima experiencia profesional.

Todo esto me hace pensar en esa palabra tan importante para muchos: “SEGURIDAD”. En aquel momento las personas que la animaban a coger el trabajo seguro, pensaban que miraban por su seguridad, ¿pero qué seguridad, la de Arancha o la seguridad de ellos mismos al tenerla cerca? Cuidado cuando nos protegen de ese modo, porque posiblemente en ese punto en el que dejamos de sentir la seguridad, es donde empezamos a crecer.

RETO DE LA SEMANA:
Busca algo que no sea seguro, algo que el simple hecho de pensar en hacerlo te inquiete. Y hazlo: me da igual que sea levantar la mano en una conferencia para preguntar algo, me da igual que sea pedirle a tu jefe ese aumento de sueldo, me da igual que sea ir a una clase de baile, da igual. Lo importante es que desafíes a la señorita Seguridad, sin permiso (y si lo necesitas o sí o sí, te envío el mío firmado). ¡Atrévete!

¡Nos vemos la próxima semana!

Reme Egea
Reme Egea
Maestra de Educación Física, Formadora en Habilidades Directivas y Gestión de Equipos, Psicóloga, Creadora del proyecto educativo "Con los pies en el aula", Conferenciante, consultora y socia de Proformación S.L.

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